lunes, 20 de julio de 2009

El joven Zanahoria

A Camilo, con amor

El joven Zanahoria soñaba que quería viajar a una estrella. La mujer acarició su espalda y le dijo: ‘¿Apenas si alcanzas a tener dos bultitos en el lomo y ya quieres volar?’ ‘No importa. No importa. Crecerán.’ Se decía el joven Zanahoria, y cada noche se sentaba a mirar el cielo con la esperanza de que alguna estrella de viaje quisiera llevarlo con ella, siquiera para cargar con su equipaje.

– Zanahoria, camina –le decía la mujer cada día–. Si te quedas ahí parado ya nunca más podrás moverte. Se te atrofiarán los músculos.
– ¿Pero qué dices, mujer? ¿Acaso no ves que estoy esperando que me crezcan las alitas para volar? Reservo mis energías para el día en que pueda alcanzar una estrella.
– Zanahoria, las energías no hay banco que las guarde. Las que no emplees hoy las habrás perdido mañana.
– Mujer, no sabes lo que hablas. Las energías que guardo alimentan cada día mi espíritu.
– Sí, quizá, pero dejan más flaco tu cuerpo y el día que quieras emprender el vuelo no serás capaz de mover tus grandes alas. Porque necesitarás unas alas grandes y fuertes para alcanzar una estrella en su vuelo.
– O tal vez no, si me quedo muy muy flaco, con unas alas pequeñitas me bastaría.
– Tienes razón, Zanahoria. Tienes razón.

La mujer marchó aquel día y no volvió a encontrarse con Zanahoria hasta pasados unos meses. Estaba extremadamente delgado y demacrado.

– ¿Por qué te fuiste, mujer? Me gustaba tu conversación.
– Tenía cosas que hacer. ¿Cómo te va todo?
– Bien, todo va bien.
– ¿Y cuándo te marchas?
– ¿Para qué lugar?
– Creía que tenías un viaje pendiente a una estrella.
– Sí, es cierto, pero he decidido que no lo haré.
– ¿Por qué?
– Llevo meses esperando y mis alas no crecen, y de estar tanto tiempo parado ya no recuerdo cómo se hacía para caminar.
– No te preocupes. Todo es cuestión de dar el primer paso. Es como montar en bicicleta o volar. Esas cosas nunca se olvidan.
– Yo nunca he montado en bicicleta. Y tampoco he conseguido volar.
– Eso no importa. Te digo que caminar es igual. Vamos, sígueme.
– No. Ve tú delante. Ahora iré yo. Quiero quedarme un rato a mirar las estrellas del cielo. Son todas tan bellas.
– Sí. Sí que lo son; casi tan bellas como las de la tierra.

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