lunes, 20 de julio de 2009

El jardín de los deseos cumplidos. Duetto de libre interpretación

La madre que me parió es así de difícil encontrarse una regadera en el jardín de las flores cultivadas con amor por cien años de soledad que nadie alcanzó a vivir con su pareja felizmente antes de llegar a un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme ahora que ya es tarde para escuchar las cosas que me dices en invierno cuando me tumbo en la cama y pienso que quieres regalarme un móvil para hablar de mi cuerpo entre tus manos cada vez que el zumo de naranja pasa por tu garganta resbalando entre las caricias que prodigas a los árboles al rodear tu casa blanca y azul como los colores del alma mía están esperando la luz de la cámara que escondes bajo las faldas de la mesa hay un secreto de lagartijas que corretean escapando a tus labios mientras cantan canciones de otros tiempos que recuerdan el proceso y reinventan la escritura muerta entre el algodón crudo si nadie lo recoge porque huelen a quemado los bosques que plantaron los antiguos ríos fluyendo entre la música que compuso una época dorada y divina era nuestra calma antes de vivir en la casa de muñecas donde canta Madama Butterfly desesperadamente me encuentro buscando entre las ruinas del ropero que nadie ordena a la gente que se manifieste libremente te hablo de esas cosas que me importan las caracolas de mar en una noche transfigurada llena de hombres paseando por mis sueños he encontrado la salida del lobo estepario que eres tú tratando de explicarme ese tratado de magia que no utilizo pues las montañas están lejos y de todos modos no importa el camino si se hace tranquilo al andar he cruzado el puente que ha de llevarme a la otra si soy yo y no reconozco bailando en la oscuridad de unos abrazos que he perdido de inmediato al pensar que te quiero aquí a mi lado susurrando palabras al descuido de los otros que presumen conocer la verdad de las rosas amarillas que crecieron envidiando un solo momento de tranquilidad que nos permitiera estar sentados para tejer los cuadros de Veermer me hacen perder el sentido de las miradas al descuido de desconocidos e imperceptibles me gustan los arañazos de esa loca familia que me abandona al subir al tren y se despide con una sonrisa te he dibujado en un retrato no hay sitio para la abstracción de las cosas que no comprendo si me desnudas con las palabras del viento que sopla empujando las velas apagadas antes de hora descubren el sentimiento de felicidad no vive el hombre que sabe conducir los coches de la empresa decidieron que fueran rojos por una tormenta que hubo antes de nacer yo ya se escribía poesía como la nuestra fue una aventura despojada de vestimenta pueril e insincera es la sociedad que nos vigila estrechando el corredor muestra la puerta al final siempre hay una salida que nos lleva al jardín de los deseos cumplidos.

1 comentario:

le grand cochon dijo...

coño!!, que gusto, como Apollinaire, sin signos de puntuación.

Sólo por eso te mando un beso.